Documentalista en la Red
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La Ley Sinde: la libertad muere con un aplauso
mar 19
Permitidme comenzar con una frase que viene como anillo al dedo, y que aparece en la película Star Wars: Episodio III, cuando la reina Amidala se exclama en el senado:
“Así muere la libertad, con un estruendoso aplauso”
En la vida real de este país, un aplauso, un aplauso ensordecedor:
Un aplauso de nuestro Presidente del Gobierno
Un aplauso de una Ministra
Un aplauso de los diputados socialistas
Un aplauso de la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores)
Un apluso de las otras entidades de gestión de derechos
Un aplauso de las discográficas
Un aplauso dela RIIA ( Recording Industry Association of America)
Un aplauso de las grandes editoriales
Un aplauso de “artistas” (entre comillas) que quieren vivir de rentas
Un aplauso de los tantos y tantos enchufados que medran en las instituciones de este país
La Dignidad hay que ganársela día a día
ene 1
Carta publicada el 25 de Diciembre de 2009 en El Periódico de Catalunya. Esta es la versión que me publicaron, a continuación está la versión original en catalán, ya que, como es bien sabido, las redacciones de los diarios tienen la costumbre de editar el texto de las cartas para acortarlas o hacerlas més legibles (según su punto de vista, claro).
Tengo 24 años, soy catalán, legalmente soy español y no me representa ningún problema decirlo. Pienso, hablo, y vivo mayoritariamente en catalán, y me gusta. Tengo una carrera universitaria. Vivo con un sueldo de 18.000 euros netos anuales. No son buenos tiempos para los jóvenes para trabajar en cualquier empresa, se exigen altos niveles de excelencia profesional y de conocimientos de inglés. Me resulta hilarante ver cómo los que me representan como ciudadano no saben entender las preguntas en inglés de un periodista o hablan un catalán que no llega al nivel C.
Me indigna que la clase política catalana me quiera vender que la única manera de mejorar la vida de los catalanes y defender su dignidad sea la defensa a ultranza de un texto legal que, a efectos reales, no ha tenido el amplio apoyo de la ciudadanía. Por favor, lo primero que necesitamos es un clase política honrada, decente, formada, comprometida con la ciudadanía antes que con un ideario de partido. Una clase política dispuesta a admitir errores, a asumirlos y a rectificarlos. Teniendo las necesidades básicas parcialmente cubiertas, a pesar de la crisis económica, los ciudadanos somos incapaces –por desidia y comodidad–, de convocar movilizaciones masivas, organizadas, sensatas y pacíficas, exigiendo a los políticos que hagan su trabajo, o, en todo caso, que cedan el relevo a aquellos que sean capaces de hacerlo bien. Si el mismo empuje y motivación eufórica que demostramos como ciudadanos en el seguimiento de un partido Barça – Madrid, lo aplicáramos en exigir de forma coherente a los políticos que hicieran su trabajo, con toda seguridad, en Catalunya (y en el resto de España) las cosas nos irían bastante mejor a todos.

