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¿Plataformas públicas de venda de contenidos culturales digitales?: con mi dinero NO

Hace poco escribí un comentario en una entrada de Nación Red (blog que recomiendo encarecidamente). La entrada trataba sobre las rocambolescas propuestas de algún grupo político acerca de la creación de plataformas públicas de venda de productos culturales digitales. Os reproduzco mi comentario a continuación:

Carro de la compra / Compra online

NO, NO y NO. Pagar con dinero público (de todos los ciudadanos) para que luego a su vez se nos vendan productos culturales no es ni una buena solución, ni una solución rentable, ni una elección sábia. Este tipo de plataformas suelen tener unos costes de diseño y mantenimento estratosféricos (que nos tocaría pagar a todos los ciudadanos) y no está la economía del país para estos trotes. No por crear plataformas “públicas” u oficiales con el apoyo del gobierno, se va a atraer por ello a los usuarios/compradores.

Si repasamos, incluso en el ámbito de las grandes editoras ya ha habido grandes tropiezos, tanto de concepto, como en resultados. Véase Libranda: http://alt1040.com/2010/07/libranda-la-abominacion-hecha-tienda-de-ebooks

La cultura se defiende apoyando al consumidor y no plegándose a las exigencias de las grandes editoriales/discográficas o entidades de gestión o creando grandes plataformas que NO ofrecen lo que los usuarios realmente quieren consumir (y además se lo ofrecen a precios insultantes, prácticamente idénticos al precio del formato físico).

Algunas soluciones: Retirad el canon digital, cortad de raíz las prácticas abusivas de las entidades de gestión como la SGAE, exigid a las discográficas/editoras que remuneren debidamente a los artistas/autores/creadores para que no sean tentados de vivir de cánones y derechos de autor de obras pasadas; y que insten a esos autores (o mejor dicho, motiven) a crear contenidos nuevos, originales y de calidad. Para conseguir recuperar el interés de los consumidores hay que esforzarse, e INVERTIR en nuevos productos y nuevas fórmulas y modelos de negocio que no castiguen al consumidor y, si hace falta, asumir reducciones de beneficios temporalmente para recuperar a futuro la confianza del consumidor.

La clase política de este país es analfabeta digital (gobierno u oposición, tanto da): lucha contra la realidad, no entiende de tecnologías, no entiende Internet ni entiende a los usuarios ni sus hábitos de consumo de productos digitales más allá de lo que sus “intereses” en el sector les marcan.

Vía | Nación Red

Imagen | by alles-schlumpf

La Dignidad hay que ganársela día a día

Carta publicada el 25 de Diciembre de 2009 en El Periódico de Catalunya. Esta es la versión que me publicaron, a continuación está la versión original en catalán, ya que, como es bien sabido, las redacciones de los diarios tienen la costumbre de editar el texto de las cartas para acortarlas o hacerlas més legibles (según su punto de vista, claro).

Tengo 24 años, soy catalán, legalmente soy español y no me representa ningún problema decirlo. Pienso, hablo, y vivo mayoritariamente en catalán, y me gusta. Tengo una carrera universitaria. Vivo con un sueldo de 18.000 euros netos anuales. No son buenos tiempos para los jóvenes para trabajar en cualquier empresa, se exigen altos niveles de excelencia profesional y de conocimientos de inglés. Me resulta hilarante ver cómo los que me representan como ciudadano no saben entender las preguntas en inglés de un periodista o hablan un catalán que no llega al nivel C.

Me indigna que la clase política catalana me quiera vender que la única manera de mejorar la vida de los catalanes y defender su dignidad sea la defensa a ultranza de un texto legal que, a efectos reales, no ha tenido el amplio apoyo de la ciudadanía. Por favor, lo primero que necesitamos es un clase política honrada, decente, formada, comprometida con la ciudadanía antes que con un ideario de partido. Una clase política dispuesta a admitir errores, a asumirlos y a rectificarlos. Teniendo las necesidades básicas parcialmente cubiertas, a pesar de la crisis económica, los ciudadanos somos incapaces –por desidia y comodidad–, de convocar movilizaciones masivas, organizadas, sensatas y pacíficas, exigiendo a los políticos que hagan su trabajo, o, en todo caso, que cedan el relevo a aquellos que sean capaces de hacerlo bien. Si el mismo empuje y motivación eufórica que demostramos como ciudadanos en el seguimiento de un partido Barça – Madrid, lo aplicáramos en exigir de forma coherente a los políticos que hicieran su trabajo, con toda seguridad, en Catalunya (y en el resto de España) las cosas nos irían bastante mejor a todos.

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