Avatar es la película que estos días está en boca de todos. Hacía tiempo que no me acercaba al cine y salía con la sensación de haber visto algo nuevo. Si bien el argumento de la película realmente no es nada del otro mundo (el clásico coctel de tecnología versus naturaleza, chico conoce chica, gran batalla y moralejas varias), he de reconocer que como mínimo me ha permitido tener una sesión de cine diferente, aunque sea simplemente a nivel visual.

Avatar © Twentieth Century Fox

Podemos dejar parcialmente al margen la potente campaña de marketing que hay detrás de la película. ¿Por qué? muy sencillo, miremos como está la industria del cine hoy por hoy; una película con un argumento tópico, que se proyecta en cines, y que además, debido a ser en 3D, cuesta entre 2 o 3€ más… esto parece condenado al fracaso, más todavía en un mundo donde Megaupload, los torrents, Rapidshare y otros medios ponen cualquier contenido audiovisual al alcance de forma gratuita. ¿Qué pasa entonces? ¿Por qué los cines de Barcelona dónde se proyecta esta película están rebosar y se venden todas las localidades? ¿Cómo puede ser que en “tiempos de crisis” familias enteras paguen, no 7,20, sino 10€ por entrada (más palomitas)? Está claro: ofreciendo ALGO NUEVO y no hace falta que sea estrictamente un argumento magistral.

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