Opinión

¿Si breve, dos veces bueno? Puede ser que no

Efímero - Breve

“Lo bueno, si breve, dos veces bueno”

Es una de las frases más repetidas en lengua castellana. (Casi) todo el mundo le da la razón a Baltasar, pero realmente yo creo que es una de esas pseudo-mentiras que, a base de repetirlas, acabamos por creernos.

Así también, la premisa de “lo breve es bueno” da lugar a falsas aplicaciones. Por ejemplo, los correos electrónicos en el trabajo. Escribes un correo a un compañero detallando todos los pormenores de un asunto; quieres estar seguro de que nada sea ambiguo y pueda malinterpretarse. Finalmente le das al botón de  enviar. Al cabo de un período de tiempo comprendido entre 5 minutos y la eternidad, recibes una contestación como esta (totalmente literal):

ok¡

¿ok? en minúscula y con la exclamación al revés… Muy bien campeón, has fallado en dos de los tres caracteres. El mensaje es breve, pero de bueno no tiene nada. ¿Las excusas para perpetrar este tipo de contestaciones?: “tenía mucho trabajo”, “estoy estresado”, “lo miré deprisa”… Sí, claro, claro, pero tu granja del FarmVille crece día a día”.

Estos mails “ok¡” son también muy propios de directivos, que se escudan en su falta de tiempo y aprovechan para practicar uno de sus deportes favoritos: la lectura en diagonal. Estos directivos serán los primeros en exigir luego responsabilidades a sus trabajadores por “no seguir sus instrucciones”.

Dejando a parte estos casos, se pueden encontrar mil y un ejemplos que dejan inválida esta teoría de “si es breve, es más bueno”:

Eventos deportivos, cucuruchos de helado, relaciones sexuales, masajes, capítulos de series, fines de semana, conciertos de música, fiestas populares, espectáculos de circo, cenas en restaurantes, buenas películas, tweets de 140 caracteres… y cientos de otros que me dejo por escribir.

Probablemente, deberíamos filosofar sobre el concepto ¿qué significa “breve”? y también hablar acerca de la “costumbre”, ya que acostumbrarse a las cosas buenas las hace “menos buenas” y la brevedad, como mínimo, alarga su fecha de caducidad.

Pero eso será otro día.

Fotografía por | paalia bajo Licencia CreativeCommons CC BY 2.0


El poder de la vulnerabilidad

Ocurre a veces que la vida te tienta o, mejor dicho, te ofrece oportunidades en bandeja; el eterno problema ante estas oportunidades es el miedo; el miedo a decidir, el miedo a  escoger mal, el miedo a equivocarse, el miedo en definitiva. Así mismo, preguntar a otras personas su opinión sobre si abrazar cierta oportunidad muchas veces no hace más que llenarnos de dudas, ya que muchas veces lo que hace es que formemos un denso conglomerado entre sus dudas y las nuestras.

Tenemos, ante todo, un miedo atroz al devastador “ya te lo decía” una fórmula que ataca de forma letal al orgullo y que incluso las personas más humildes temen profundamente; el “ya te lo decía”… el arma preferida de aquellos que, ante su propio miedo de arriesgar en las oportunidades que se les ofrecen, no dudan en deleitarse con aquellos que fracasan… ¿Qué ocurre? pues que por algún motivo este tipo de momentos son los que nos descubren que somos vulnerables, que podemos fracasar, que no somos perfectos, que podemos estropear las cosas que hacemos, y lo PEOR, lo PEOR de todo (así, con mayúsculas) es que esta sociedad nos ha enseñado a aceptar como dogma, y sin darnos cuenta, que ser vulnerable es malo, que ser vulnerable es sinónimo de rechazo, que ser vulnerables nos convierte en personas no deseadas, que esconder esa vulnerabilidad nos hace mejores a ojos de los demás, que es más práctico enterrar esa vulnerabilidad debajo de capas y capas de actitudes y caretas falsas.

Obligarse a esconder las propias vulnerabilidades y a detestar las propias flaquezas no es una buena práctica, no sale a cuenta y destroza tanto anímica como moralmente. Hay algo que cuesta aceptar, y que puede parecer contraproducente: que las personas que día a día dejan de esconder a toda costa sus vulnerabilidades, pasan a tener más tiempo para entender las de los demás. Y no se trata de altruismo buenrollista, se trata de supervivencia propia individual, tanto mental como anímica; no hay mejor remedio para mitigar las punzadas de las propias vulnerabilidades que empezar por intentar empatizar con las de los demás. El punto de partida siempre es un primer paso altruista.

The Power of Vulnerability (By Brene Brown)

Fauna techie

Las personas, a diferencia del casi inmutable logo de Coca-Cola, necesitan reinventarse a lo largo de su vida, y en el campo de las tendencias tecnológicas no es una excepción.  Veamos unos los ejemplos clásicos de la fauna techie que puebla el mundo:

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Personas Apple

appleman

Con estilo, geniales, aquellas personas que siempre están a la última, que necesitan pasar de una novedad a otra constantemente; que necesitan estar a la última de todo sin llegar nunca a saber profundamente de nada. “Si pareces guay, eres guay”. Se comprarán un iPad simplemente para jugar a Angry Birds en el autobús. Se comprarán un iMac porque queda de muerte adornando su despacho, se comprarán un iPhone para llevar “el mejor teléfono que existe” aunque para ello tengan que empeñar su vespa, el relicario de la abuela y la ortodoncia de la niña en el Cash Converters – O vender su alma a una operadora por dos años-.

Aquellos con una vena más sectaria tienen una estampita de Steve Jobs en el salpicadero del coche que reza “Hijo mío, no Jailbreakees“.

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Personas LINUX

linuxman

Geeks hasta la médula. La mitad del día  lo pasan probando nuevas funcionalidades de software, mientras que la otra mitad del día se la pasan rondando foros y publicaciones online esperando la mínima  posibilidad para cargar contra Windows y fanboys de Apple cuales zombies de The Walking Dead. Paradójicamente, algunos maquean el SO de su equipo para que el escritorio  se parezca al de un MacOSX, ahora bien, serio aviso, ni se os ocurra decirles las bondades de un producto mac y su software, puesto que empezarán a convulsionarse violentamente y a adoptar los rasgos físicos de Richard Stallman justo antes de saltar encima vuestro y arrancaros la yugular a mordiscos.

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Personas Android

android

Abiertas, libres, colaborativas, que creen que estar a la última no necesariamente debe estar reñido con la libertad y el mejor diseño. Pueden ser antiguas “Personas Apple” que en algún momento descubrieron que había algo que no iba del todo bien en ellos. Aunque también son personas “aventureras” dispuestas a rondar e investigar en foros de desarrolladores malayos para conseguir que un gadget haga correctamente algo que el iPhone del pijo del quinto hace con una sola pulsación.

En lo más profundo de su ser, cuando ven a una “Persona Apple” alardeando de gadget, piensan “joder mira que es chulo” justo antes de intentar explicarles la razón por la cual son herramientas de las prácticas monopolistas de tito Jobs.

Ante la exposición de las bondades de algún gadget/software Microsoft, lo más probable es que simplemente se descojonen de risa.

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Personas Microsoft

microman

Cariñosamente también llamadas “viejas glorias”. En su momento lo tenían todo en sus manos, fueron las mejores en sus respectivos campos y parecía que se iban a comer el mundo. Hoy en día la población envejace cada vez más, y ellos siguen ahí. Aunque estas personas de edad avanzada sean mayoría y estén en todos sitios, no necesariamente significa que sean las que llevan la voz cantante ahora en sus sectores. A pesar de todo, por alguna razón, siempre se les acaba necesitando aunque no sea voluntariamente.  “Yo trabajo únicamente con PowerPoint”, “no, no, yo quiero el Office con el Word”, “¿Firefo-qué?, no, no, nada de tonterías, yo quiero el icono azul de Internet de toda la vida?, “No hay click derecho, pues vaya mierda, el Windows es mucho mejor”…. ¿Os suena alguna de estas?

No es país para viejos (y más España, con el futuro de las pensiones).

<Modo irónico-jocoso OFF>

Fotos – Flickr CC por | faylix | vbsouthern | quinn.anya | kylemac