Blog personal y profesional
Mundo laboral
El Reconocimiento, ese extraño y esquivo amigo
may 27
A menudo, suelo decir que la vida no me ha tratado mal en muchos sentidos (entre otras cosas yo creo haberla tratado bien a ella). En los últimos años creo que he podido ir enderezando diversos aspectos de mi vida hasta llegar a un leve equilibrio, a la estabilidad, a pesar de que por delante, sin duda, me esperan sorpresas y, seguramente, muchas ostias y putadas. Sin embargo, siempre ha habido un aspecto que ha permanecido clavado como una espinita dentro de mi durante toda mi vida como trabajador, un aspecto que siempre me ha dejado una sensación amarga que no he sabido quitarme de encima: el reconocimiento, o mejor dicho, la falta de reconocimiento. Ante tal afirmación, más de uno me diría: ¿pero tú has hecho algo digno de reconocimiento, mindundi?
Al referirme a reconocimiento, me refiero a que dentro de tu ámbito laboral determiando, se valore realmente tu trabajo y aquello que haces, más allá de lamer glúteos u otras prácticas consideradas censurables (y sin embargo, tan a la orden del día).
La banalización de la obtención de la información para la empresa
ene 20
Antes de nada, este post también podría llamarse: La banalización del trabajo del documentalista.
Detrás de un título con tanto “ción” que hasta suena rimbombante, se esconde algo que creo que acecha (repito, creo –lo que denota opinión con cierta duda-) y que nos afecta a aquellos que por una razón u otra, hemos acabado trabajando de documentalistas en empresa privada. Realmente asusta, o te deja desencajado, descubrir que, incluso en sectores tan exigentes y profesionales en los cuales prima la excelencia, como por ejemplo la consultoría (por citar uno), el valor de la información, o más bien dicho, de su obtención, está todavía bastante infravalorado. Ya digo que me refiero estrictamente al proceso de obtención, no a la información en sí misma.
Mimar al trabajador: la última frontera
ene 5
Siempre se ensalza la virtud del emprendedor, del innovador, de aquel que va un paso por delante y toma decisiones que, precisamente por ser decisiones difíciles, implican riesgos. El emprendedor que apuesta, que invierte (económicamente) en un proyecto, merece siempre alabanzas y soporte en su iniciativa. Sin embargo, servidor cree que emprender e innovar en una empresa es más que poner en marcha los engranajes de un negocio en pos de un beneficio futuro. Si la inversión inicial para poner en marcha un proyecto suele ser enorme, uno se pregunta si existe la misma voluntad de invertir en las personas, en el equipo humano que deberá soportar dicho proyecto. Por invertir en las personas, uno no se refiere exclusivamente a ofrecer unas remuneraciones más o menos competitivas.




