videojuegos y niños

Todavía hoy en día muchas personas tienen la concepción estricta del videojuego como un juguete infantil, de divertimento puntual y ocasional para liberar estrés y no pensar demasiado (pese a que estas puedan ser únicamente algunas de sus posibilidades).

¿Por qué?  Esta afición arrastra clichés y prejuicios derivados de décadas anteriores, en los que eran concebidos estrictamente como juguetes, y así se vendían.

A día de hoy los videojuegos son una industria madura (a pesar de la bajada del sector en España durante el pasado 2011) con productos y géneros para todas las edades, contando incluso con clasificaciones internacionales por edades y géneros claramente especificadas en las cajas de los mismos.

Los videojuegos pueden ser un hobbie como lo pueden ser el alpinismo, hacer macramé, ver la televisión, el ajedrez o la danza del vientre; de la misma manera que unos de estos hobbies potencian y mejoran nuestra condición física e intelectual o las habilidades sociales, lo que nos aportan los videojuegos, además de diversión, es siempre bastante intangible: memoria, inteligencia, coordinación ojo-mano, creatividad, vocabulario, idiomas… por no hablar de la Wii, Playstation Move o Kinect, que además permiten hacer ejercicio (¡y de qué manera!).

¿Acaso no es el fútbol televisado un hobbie, y sin embargo, nadie en su sano juicio (casi por temor a su integridad física) se atrevería a afirmar públicamente que “es un simple juego”, ¿acaso no es más pasiva la diversión que ofrece visionar un partido de futbol en casa o en el bar que jugar a un videojuego?. Hoy en día podemos ver un partido de fútbol y pasarnos 90 minutos (más descanso y anuncios) delante de un televisor, o podemos ver ediciones diarias maratonianas de programas de cotilleo y, sin embargo, dedicar ese mismo tiempo a un videojuego puede ser considerado como un actividad inmadura o como una pérdida de tiempo. Cuestión de prejuicios.

Por supuesto no es lo mismo hablar de videojuegos en relación a los adultos, que en relación a los niños; la aproximación a los videojuegos por parte de los chavales debería ir siempre de mano de los padres. Muchos padres critican los videojuegos que sus hijos les piden bajo conceptos genéricos como “es demasiado violento” o “les dedica demasiado tiempo”; me gustaría saber cuanto tiempo han dedicado estos mismos padres a informarse sobre los juegos que les piden su hijos, a revisar las calificaciones de edad, y a ver jugar a sus hijos sin cuestionarlos. Sería interesante saber si, durante o después del juego, les han preguntado cuál es la historia detrás del mismo, o ni tan siquiera se han informado por su cuenta del argumento.

Dotar a los chavales del criterio propio para valorar un videojuego y el tiempo dedicado a los mismos es algo imprescindible, y no es algo que se deba hacer cuando se pone el juego en su mano, es algo que va con la educación desde pequeño; enseñar a tener criterio, a valorar y separar el juego y la ficción de la realidad (igual que se hace con el cine o la televisión, etc.) Si a un niño se le ofrecen los videojuegos como un producto para consumir, utilizar y desechar masivamente y sin criterio, entonces se perderá la gran parte del valor que estos pueden aportar.

En mis tiempos de niño, adquirir un juego de NES, Super Nintendo o Game Boy, era todo un acontecimiento; era lo más parecido a adquirir un libro “Premium”, que se jugaba una y otra vez sacándole el mayor partido a todas sus posibilidades; a veces incluso los propios padres participaban de juego y aguardaban su turno para jugar. Si bien a día de hoy los videojuegos actuales no son todos tan “inocentes” debido a las altas dosis de híper-realismo que nos pueden ofrecer, alguien con criterio (joven o adulto) puede divertirse con ellos sin problema, considerándolos tal y como son: un entretenimiento más.

Como ya he dicho antes, no vale generalizar; existen géneros y claras clasificaciones por edad, que unidas a la educación por parte de los padres y al sentido común adulto, convierten a los videojuegos en un hobbie sano y la mar de normal para todas las edades.

 

Imagen por | Sean Dreilinger bajo Licencia CreativeCommons  BY-NC-SA