Abogado del diablo

 

Antes de empezar, decir que en este post haré un poco de abogado del Diablo (yo aviso).

Con la reciente aparición del servicio de almacenamiento en la nube de Google, Google Drive, se ha puesto de nuevo en el escenario el debate sobre la privacidad y los problemas de propiedad intelectual en los servicios de Internet.

Si bien todos deberíamos preocuparnos por la fuerza y la capacidad de algunas grandes empresas (Google, Microsoft, Apple…) para “jugar” con las leyes que regulan la privacidad y la propiedad intelectual en Internet, como usuarios individuales de los servicios que estas nos ofrecen, nosotros también deberíamos entender su mentalidad de negocio (y digo entender, no aceptar por completo).

Google ofrece de forma “gratuita” (nótense las comillas) su servicio de correo en Gmail (con más de 10GB de almacenamiento, desde hace poco) y hace lo mismo con Google Drive (hasta 5GB de almacenamiento gratuito); este espacio, que para nosotros tiene un coste de 0€, para Google tiene un coste en mantenimiento de infraestructuras y servidores; por supuesto, como buena empresa multinacional, no lo haría si no sacara  un  beneficio de ello, y el beneficio es claro: estadísticas y la obtención de datos segmentados para publicidad dirigida, amén de otros beneficios que alguien como yo, sin conocimientos expertos, no podría enumerar al detalle. Aquí en este post se explica la minería de datos que hace Google con sus usuarios.

De todos modos, no hace faltar ser ningún experto, en serio, ¿creemos que alguien nos va a ofrecer libremente gigabytes de almacenamiento a cambio de absolutamente nada? Seamos realistas; si no pagamos con dinero pagaremos con otra cosa, en este caso, con datos. Esto por lo que respecta a privacidad.

En lo que respecta a propiedad intelectual, las condiciones de uso en la mayoría de servicios establecen claramente que la propiedad intelectual del material alojado pertenece siempre al autor; algunos de estos servicios, establecen en sus condiciones de que el usuario cede (perdonadme si no utilizo la terminología legal correcta) una licencia de uso de los materiales a la empresa que aloja el material para que, a nivel operativo, pueda llevar a cabo el servicio de manera óptima.

Este es, por ejemplo, el fragmento de la discordia en las condiciones de servicio de Google:

Fuente: http://www.google.es/intl/es/policies/terms/regional.html

 

Tu contenido en nuestros Servicios

Algunos de nuestros servicios te permiten enviar contenido. Si lo haces, seguirás siendo el titular de los derechos de propiedad intelectual que tengas sobre ese contenido. En pocas palabras, lo que te pertenece, tuyo es.

Al subir contenido o al enviarlo por otros medios a nuestros Servicios, concedes a Google (y a sus colaboradores) una licencia mundial para usar, alojar, almacenar, reproducir, modificar, crear obras derivadas (por ejemplo, las que resulten de la traducción, la adaptación u otros cambios que realicemos para que tu contenido se adapte mejor a nuestros Servicios), comunicar, publicar, ejecutar o mostrar públicamente y distribuir dicho contenido. Google usará los derechos que le confiere esta licencia únicamente con el fin de proporcionar, promocionar y mejorar los Servicios y de desarrollar servicios nuevos. Esta licencia seguirá vigente incluso cuando dejes de usar nuestros Servicios (por ejemplo, en el caso de una ficha de empresa que hayas añadido a Google Maps). Algunos Servicios te permiten acceder al contenido que hayas proporcionado y eliminarlo. Además, en algunos de nuestros Servicios se incluyen condiciones o ajustes que limitan nuestro uso del contenido que se haya enviado a los mismos. Asegúrate de tener los derechos necesarios para concedernos esta licencia sobre cualquier contenido que envíes a nuestros Servicios.

 

Desde mi experiencia personal, nunca me he preocupado específicamente por poder tener problemas con la propiedad intelectual de los documentos que almaceno en servicios en la nube; estoy seguro que, por su naturaleza, raramente pueden preocupar o atraer intereses oscuros de las propias empresas que ofrecen el alojamiento y ni siquiera de terceros. Eso sí, he de admitir que si yo fuera programador o ingeniero de software a sueldo, desde luego no se me ocurriría, ni por asomo, guardar el código fuente de mis programas o mis datos de desarrollo en este tipo de servicios “gratuitos” de almacenamiento. Tolerante sí, pero desconfiado, un rato.

Dicho esto, quede claro que nunca me ha gustado la facilidad con la que los servicios de grandes empresas como Google y Apple pueden sacar tajada de mis datos, pero internamente asumo que a cambio de ciertos servicios sin coste en términos de dinero para mi, debo tolerar (y repito tolerar, ya que no necesariamente me gusta) que puedan sacar partido de mis datos, incluso si ajusto TODAS las opciones de privacidad para minimizarlo al máximo.

Si estamos radicalmente en contra de que ninguna empresa/organización use el más mínimo dato nuestro, aunque solo sean datos estadísticos o de tráfico que no nos identifiquen personalmente, únicamente existe una solución 100% efectiva: no usar Internet ni ningún servicio asociado a ninguna empresa que opere a través de ella; así de claro.

La privacidad es sin duda un derecho, pero tanta culpa tienen las grandes empresas que juegan al límite con la privacidad en la red, como los usuarios que nos dejamos seducir por sus servicios, aparentemente gratuitos, y nos registramos en ellos y compartimos y/o alojamos información en ellos sin leer esa interminable letra pequeña donde nos dicen mediante jerga leguleya que pueden sacar tajada de nuestros datos.

Crear una cuenta de Facebook, colgar fotos en Picasa o almacenar ficheros en iCloud; todo ello es, en última instancia, una decisión que toma el usuario y a la que nadie le obliga. Hay que ser conscientes de que, por el mero hecho de registrarnos como usuarios, ya estamos dando algo a cambio (aunque no sea dinero) y que a partir de ahí únicamente podemos ajustar al máximo las opciones de privacidad que el propio servicio nos ofrece.

Por supuesto, las empresas deben ceñirse a la normativa de cada país y cumplirla: ¿supervisar sus actividades?, por supuesto, ¿asegurar que cumplen la ley de cada país?, por supuesto ¿vigilar sí desvían ingentes beneficios a paraísos fiscales? por supuesto.

Las cosas son así: cuando aceptamos registrarnos en un servicio cualesquiera de los que hemos mencionado antes, y en tantos otros que dependen de grandes empresas, estamos pactando con el diablo; obtenemos alguna cosa que nos interesa (un servicio de correo, almacenamiento en la nube, etc.), pero sin duda ellos están obteniendo un beneficio de nosotros, aunque no nos lo digan de forma explícita o no comprendamos exactamente cómo.