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Reconocimiento / imagen via: www.cv-resume.org

A menudo, suelo decir que la vida no me ha tratado mal en muchos sentidos (entre otras cosas yo creo haberla tratado bien a ella). En los últimos años creo que he podido ir enderezando diversos aspectos de mi vida hasta llegar a un leve equilibrio, a la estabilidad, a pesar de que por delante, sin duda, me esperan sorpresas y, seguramente, muchas ostias y putadas. Sin embargo, siempre ha habido un aspecto que ha permanecido clavado como una espinita dentro de mi durante toda mi vida como trabajador, un aspecto que siempre me ha dejado una sensación amarga que no he sabido quitarme de encima: el reconocimiento, o mejor dicho, la falta de reconocimiento. Ante tal afirmación, más de uno me diría: ¿pero tú has hecho algo digno de reconocimiento, mindundi?

Al referirme a reconocimiento, me refiero a que dentro de tu ámbito laboral determiando, se valore realmente tu trabajo y aquello que haces, más allá de lamer glúteos u otras prácticas consideradas censurables (y sin embargo, tan a la orden del día).


Recuerdo, hace ya tiempo, una reunión con el responsable de RRHH de una empresa/institución/entidad (obviamente omitiré nombres) en la cual se me comunicaba la no-renovación de mi contrato (auque yo hacía tiempo que lo sabía). Se me decía que mi trabajo había sido el apropiado, totalmente correcto y que no había queja alguna de mi, pero que la situación económica era la que era [omito trozo obvio crisis-related]. Por otro lado, tuve que escuchar que en esa empresa se valoraba a la gente que aportaba más de lo que se requería y que si hubiera aportado más allá de mis competencias, más proactivamente, tal vez se habría podido considerar mi permanencia en la empresa/institución. Ante aquellas palabras, acudieron a mi cabeza mil frases que el comportamiento políticamente correcto me impedían pronunciar: ¿qué había de las horas de más hechas a voluntad para conseguir los objetivos? ¿qué había de los recursos obtenidos de fuentes propias o externas que por las vías usuales hubieran requerido costes altísimos? ¿que había de las tareas extras a fin de contribuir a la productividad de los compañeros?  ¿cómo se puede exigir proactividad cuando las propuestas proactivas de mejora son sistematicamente ignoradas? ¿cómo exigir a una persona que dedique incluso parte de su vida personal cuando se le retribuye con un sueldo radicalemnte inferior al del resto de plantilla? Y así tantas otras.

Por un lado, el estupor de la osadía de algunas de las palabras, por otro el interés por marchar con buen pie de la empresa, y todo ello mezclado con que ya tenía claro que quería abandonar la empresa/institución en pos de de mejores expectativas laborales… y de reconocimiento, hicieron que expusiera lo justo y necesario para irme tranquilo y sin ruido, pero, de nuevo, falto de reconocimiento.

Sinceramente, más allá de la promoción laboral, de los ascensos de categoría y los aumentos de sueldo, está aquello que yo creo el verdadero reconocimento. Es cierto que todo va unido, y la formalización del reconocimento suele ser una mejora de sueldo o un ascenso de categoría profesional, sin embargo, pienso y creo, aunque muchos no estén de acuerdo, que algunos seres extraños y peculiares como servidor (modo ironía), más que ver como crece nuestra nómina mensual o aumentar de categoría, simplemente queremos que se reconozca nuestro trabajo: ese mail personalizado del director mencionando tu buen trabajo, esa palmada sincera en la espalda del jefe de departamento recomendándote para tu ascenso, esa mención en la reunión de grupo que deja claro que tu trabajo cuenta… (y luego que vengan las mejoras que tengan que venir) a esas cosas me refiero.

También es importante decir que es frustrante que el reconocimiento no se produzca cuando, más allá de toda subjetividad, sabes que lo has hecho bien, sabes que merecerías algún reconocimiento, sabes que las cosas han salido bien gracia a ti, y sin embargo por mero interés económico/desidia/ceguera de aquellos de quien dependía la formalización de dicho reconocimiento, este no se produce. El alivio proporcionado por la sinceridad de algunos compañeros de trabajo “lo has hecho genial”, “creo que eres un gran profesional”, “cuando te vayas lo notaremos a faltar, ya verás”, etc. no deja de ser una panacea temporal, pese a ser lo más reconfortante de todo.

Tampoco es cuestión de autoestima, creo yo, ya que sé de sobras cuando he hecho un buen trabajo y puedo sentirme satisfecho de él; no necesito que ningún responsable o directivo me envíe un correo o me llame a su despacho para saberlo, pero no puedo evitar esa ansia de oficialidad, de percepción auténtica fuera de mi, de que se valora mi trabajo. No es cuestión que se me pague bien, o se anuncie a bombo y platillo mi ascenso por los pasillos, es la ansia insatisfecha de que esas mejoras llegan debido a que mi trabajo se VA-LO-RA.