Documentalista 2.0
¿Poca madurez social en las redes sociales?
Precisamente ayer me rondaba por la cabeza el tema que da el título a este post mientras modificaba las opciones de privacidad de Facebook, a fin de reducir (todavía más) las notificaciones que llegaban a mi correo personal, que, por suerte, eran y son pocas. Esta mañana un artículo publicado en MarketingNews ha vuelto a traerme el tema a la cabeza. Realmente no somos, en general, conscientes de la repercusión que puede tener una red social en nuestra vida diaria.
¿Qué pensarían los RRHH de una empresa, si investigando el perfil de Facebook para valorar un candidato a un puesto de trabajo, encontraran este mensaje de estado “Menuda turca pille ayer, he llegado a las 12 al trabajo xD” o “Mi jefe se merece un monumento en el lo alto del cementerio – Me gusta esto”?… desde luego, si yo formara parte del equipo de RRHH de esa empresa, por preparada que pareciera esa persona, no la querría por dos razones: 1 no me inspiraría confianza como trabajador serio y responsable y 2 (la más importante realmente, aunque a veces incluso RRHH no la sopesan), llegaría a la conclusión que esta persona no sabe gestionar la información que ofrece de su vida privada y laboral.
Existe todavía en las redes sociales un clima de despreocupación general; hay quienes entran en Facebook como quien entra en un bar de copas, pensando que lo dicho y hecho allí, se queda allí, entre amigos y con cuatro fotos divertidas. Pocas personas conozco que tengan esto en mente y gestionen de forma adecuada sus opciones de privacidad, tanto a la hora de considerar lo que hacen público como a la hora de ajustar al detalle las opciones de configuración de la privacidad.
Incluso cuando una persona gestiona correctamente todo lo publicado en Facebook o en cualquier red social, se sigue corriendo un grave riesgo: el de sufrir la inmadurez digital o la falta de responabilidad de nuestros contactos (esos a los que Facebook denomina “amigos”). A estas alturas, más de uno, supongo, lo habrá sufrido: comentarios desagradables de supuestos conocidos que no saben que también sabemos leer, fotografías personales colgadas en álbunes públicos, etiquetas en fotografías que parecen señalar con el dedo (¿ves ese tipo medio desnudo, con el cubata en en la mano que baila sobre la barra del bar?: se llama X, y su perfil es este, visítale), datos laborales confidenciales revelados (Mensaje de estado: “trabajando en el proyecto de XXXX para XXXX” toma contrato de confidencialidad a tomar por saco… y si no que se lo pregunten a cierto soldado israelí). Como estos, tantos otros casos pueden fastidiarte la vida aunque a nivel personal lleves una impecable gestión de tu privacidad en las redes sociales.
Es un hecho: la gente no es madura en las redes sociales, muchas empresas tampoco no entienden el funcionamiento de las redes sociales.
Por cierto, es curioso (¡gracias a Eli por traerme el dato a la mente!) como, de forma generalizada, aparecen en la prensa, en informativos y en programas de actualidad menciones como “tenemos X seguidores en nuestro grupo Facebook” o “X tiene X seguidores en Twitter/Facebook” como si fueran datos de un valor realmente representativos. Así, podríamos afirmar que Ashton Kutcher, tras hacer un Tweet sobre física cuántica, es un referente en ese campo de la ciencia (tiene 4,6 millones de seguidores, tiene que ser cierto a la fuerza). El recurso del dato fácil, el dato popular, es muy goloso para los medios.
A modo de cierre, personalmente pienso: Facebook no es peligroso, Twitter no es pernicioso, las redes sociales no son peligrosas; lo peligroso, irresponsable e inmaduro, son las personas que están en ellas.

