Documentalista 2.0
Archivos de marzo, 2010
La Ley Sinde: la libertad muere con un aplauso
mar 19
Permitidme comenzar con una frase que viene como anillo al dedo, y que aparece en la película Star Wars: Episodio III, cuando la reina Amidala se exclama en el senado:
“Así muere la libertad, con un estruendoso aplauso”
En la vida real de este país, un aplauso, un aplauso ensordecedor:
Un aplauso de nuestro Presidente del Gobierno
Un aplauso de una Ministra
Un aplauso de los diputados socialistas
Un aplauso de la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores)
Un apluso de las otras entidades de gestión de derechos
Un aplauso de las discográficas
Un aplauso dela RIIA ( Recording Industry Association of America)
Un aplauso de las grandes editoriales
Un aplauso de “artistas” (entre comillas) que quieren vivir de rentas
Un aplauso de los tantos y tantos enchufados que medran en las instituciones de este país
¿Poca madurez social en las redes sociales?
mar 12
Precisamente ayer me rondaba por la cabeza el tema que da el título a este post mientras modificaba las opciones de privacidad de Facebook, a fin de reducir (todavía más) las notificaciones que llegaban a mi correo personal, que, por suerte, eran y son pocas. Esta mañana un artículo publicado en MarketingNews ha vuelto a traerme el tema a la cabeza. Realmente no somos, en general, conscientes de la repercusión que puede tener una red social en nuestra vida diaria.
Mundos aspiracionales
mar 7
Salgo del trabajo. De camino a los ferrocarriles paso cerca de una tienda de moda, en ella un póster a tamaño real colgado en el escaparate muestra a una modelo con varias sesiones de Photoshop y unos modelitos carísimos de una conocida marca de moda; el Photoshop no ha tenido clemencia con su cintura, creo yo.
Más adelante, al pasar por delante de un colegio, un grupo de madres con sus hijos espera en la puerta del recinto; una de ellas está sentada en un banco y, mientras su hijo juguetea con un iPod Touch (sí, un iPod Touch) al mismo tiempo que se merienda un hipopótamo de chocolate (esos tan sanos que están rellenos de más leche que chocolate y que comen los hijos de familias perfectas y sonrientes que viven en pisos/casas idílicos), la madre ojea un periódico en el que un famoso modelo español con muy buena planta (bueno, yo no lo conocía, debo admitir) es entrevistado y alabado por haber sido escogido por algunas de las marcas de moda más reputadas del mundo.
En los ferrocarriles me siento e intento relajarme, al lado, un hombre trajeado que ha subido en la misma parada que yo, saca un MacbookPro de su maleta y empieza a trastear con él; sin lugar a dudas, como todos hacemos, miro de reojo a ver como es el escritorio, qué hace, qué programas usa, etc. Parece que simplemente lo usa para jugar a una extraña versión del solitario hasta llegar a su parada. Vaya.



