A día de hoy, la mayor parte de seres humanos saben más o menos lo qué es el iPad de Apple. ¿Un e-reader híbrido de netbook?, ¿un cacharro multimedia táctil?, incluso aquellos con menos interés en el tema tienen algo que decir sobre él. Se ha generado bastante polémica y han surgido duras críticas hacia Apple debido a que este nuevo gadget no tiene las prestaciones innovadoras que los más exigentes desearían; el listón para Apple es (y debe ser) siempre muy alto, es lo que tiene estar en la cima.

Cuanto más veo, leo y escucho, más me doy cuenta de que el iPad sigue la filosofía BBC (Bueno, Bonito, Caro); un diseño que vende por si mismo, una interfaz sencilla y elegante… pero con una nueva vuelta de tuerca, ya que por otro lado esconde “maquiavélicas” intenciones (atención a las comillas). El objetivo final de este aparato no es otro que convertir a sus usuarios en activos consumidores de contenidos digitales de pago, y punto. iTunes, iBooks, series, películas (da igual el precio, la cuestión es conseguir consumidores que consuman con asiduidad). El verdadero poder y la verdadera razón del iPad no está en sus prestaciones ni en sus características técnicas, ni tan siquiera en su precio tan debatido últimamente.

BadIPAD

Imagen via www.jaunted.com

Steve Jobs afirmaba “será lo más importante que he hecho”; Steve es listo, muy listo, y hay que leer entre líneas cuando está diciendo esto; por supuesto que es lo más grande que ha hecho, pero no por el iPad propiamente, sino por lo que viene detrás de él; porque supone el primer paso para catapultar a Apple en pos de colarse a lo grande en el negocio de los contenidos digitales de todo tipo; no sólo en el mundo (mercado/negocio) de la música como hace con iTunes, sino también en el editorial, en la industria televisiva/cinematográfica, etc.  La idea es: “no solamente te voy a fidelizar con mis productos, también vas a consumir los contenidos que YO te ofrezca para los mismos en MIS plataformas”. Todo parece que va focalizado hacia la venta de contenidos, además, muchos de ellos sujetos (controlados sería un término menos eufemístico y más cierto) por DRM; a mi parecer, una de las mayores abominaciones de nuestros tiempos. Ya hubo pequeñas muestras de como puede ir la cosa.

En resumen, una empresa aspira (y es) líder tecnológico, y además aspira a ser líder en contenidos digitales manteniendo el control/domino/derechos sobre los mismos una vez vendidos, debido al DRM. Sencillamente no me gusta. Puedo entender que un sistema operativo, un software, una aplicación, o un servicio tengan licencias de uso, pero ¿items individuales como un fichero de música o un libro?, no me parece lógico. Es algo parecido a lo siguiente, haciendo una analogía un poco estúpida: me compro un casco de moto, y la única manera de comprarlo es acordando con la tienda, bajo contrato de licencia, que NO le dejaré el casco a un amigo (¡y si lo hago, tendré que pagar a la tienda!), que NO utilizaré el casco con otras motos que no sean la mía, que NO maquearé ese casco, etc. todo ello controlado remotamente, so pena de sanción o que incluso me retiren el casco. Suena raro, ¿verdad?

Personalmente, creo que damos pasos agigantados tecnológicamente, pero las empresas, incluso siendo innovadoras, siguen ancladas en algunas ideas arcaicas derivadas básicamente del beneficio económico a través del control. Cierto que el mercado está ahí para que los más listos y con más visión obtentgan grandes beneficios, pero cuando ello se hace restringiendo conscientemente (casi con alevosía) los derechos de los consumidores sobre los bienes/servicios que adquieren, creo que nos desviamos del camino correcto.

Esto no es una apología contra Apple (¿oigo el rugido de los fanboys?), este post precisamente está siendo escrito desde un Macbook, y servidor piensa seguir (de momento) escuchando música en su iPod (sin una sola canción comprada en iTunes), sin embargo, en este aspecto no estoy de acuerdo con la política de Apple. Se trata siempre de aprovechar lo que nos gusta y satisface, y criticar (en su mejor acepción) lo que no nos convence. No pienso dejar de consumir aquellos productos Apple que me satisfagan (como puedo hacer y haré con Microsoft y otras tantas empresas), pero sí creo que, en este aspecto, no vamos -todos- en la dirección correcta: ellos por intentar venderlo como el futuro, y nosotros por tragar (a menos que algo ocurra).