Avatar es la película que estos días está en boca de todos. Hacía tiempo que no me acercaba al cine y salía con la sensación de haber visto algo nuevo. Si bien el argumento de la película realmente no es nada del otro mundo (el clásico coctel de tecnología versus naturaleza, chico conoce chica, gran batalla y moralejas varias), he de reconocer que como mínimo me ha permitido tener una sesión de cine diferente, aunque sea simplemente a nivel visual.

Avatar © Twentieth Century Fox

Podemos dejar parcialmente al margen la potente campaña de marketing que hay detrás de la película. ¿Por qué? muy sencillo, miremos como está la industria del cine hoy por hoy; una película con un argumento tópico, que se proyecta en cines, y que además, debido a ser en 3D, cuesta entre 2 o 3€ más… esto parece condenado al fracaso, más todavía en un mundo donde Megaupload, los torrents, Rapidshare y otros medios ponen cualquier contenido audiovisual al alcance de forma gratuita. ¿Qué pasa entonces? ¿Por qué los cines de Barcelona dónde se proyecta esta película están rebosar y se venden todas las localidades? ¿Cómo puede ser que en “tiempos de crisis” familias enteras paguen, no 7,20, sino 10€ por entrada (más palomitas)? Está claro: ofreciendo ALGO NUEVO y no hace falta que sea estrictamente un argumento magistral.

Quizá cierta parte de la industria española del cine (que pese a todo, alguna sorpresa agradable me ha dado últimamente con Planet 51) debería tomar un poco de ejemplo (digo un poco) y abandonar los tópicos suburbiales llenos de pobreza, travestismo, y ambientes decadentes (lo se, estoy generalizando) y ofrecer, como decía, ALGO NUEVO, ya sea a nivel de argumento o a nivel tecnológico, como ha hecho Avatar. A mi parecer, es la experiencia 3D lo que ha atraído a la gente al cine, ya que le ha proporcionado una experiencia nueva. Puedes descargar la película en tu ordenador o verla en streaming (así como “disfrutar” de versiones grabadas ilegalmente de los cines en los que las voces están tan distorsionadas que todos los personajes parecen Paco Umbral), el caso es que en cualquiera de estas versiones no se puede disfrutar de la experiencia 3D; una buena jugada. Por el momento los televisores 3D no están generalizados y tampoco existen (que yo sepa) monitores de ordenador 3D, además, tampoco se puede disfrutar de esta experiencia en la televisión de un comedor. Avatar se ha avanzado varios pasos a la tecnología doméstica, de manera que la plena experiencia de película únicamente se consigue yendo a la sala de cine y, por tanto, pagando. Un magistral aprovechamiento del combo de usar tecnología pionera y de proporcionar a su vez una nueva experiencia para el consumidor. Avatar, en mi opinión, no reinventa el cine, pero le da un pequeño giro a su modelo de negocio al vender “nueva experiencia”.

Lo que me lleva a pensar, ¿estará Almodóvar pensado en algún proyecto 3D? ¿tal vez una historia ambientada en Chueca, en la que un travesti homosexual decide hacerse diseñador de ropa pese a las críticas de su madre, que padece Síndrome de Diógenes, y en la que el 3D nos permite navegar entre la basura hacinada en la casa?. El cine español necesita inversión, pero NO obligando a salas de cine a reservar cartelera a sus producciones, sino invirtiendo en nuevos proyectos, nuevas tecnologías, nuevos talentos y, por Dios, NUEVAS TEMÁTICAS. No hacen falta proyectos millonarios como este Avatar de Cameron, sino saber ofrecer nuevas experiencias al público.